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Una entrevista en el 2007

Preguntarle desde la distancia es imposible. Gonzalo parece ser omnipresente en las vidas de las personas que hemos tenido el placer de conocerle personalmente y es que se trata de un creativo con mayúsculas, un hombre que encarna a la perfección la idea o la utopía, según se mire, de que lo sencillo hace grande al ser humano. Él, que puede parecer frío y directo en ocasiones, esconde tras de sí un alma libre y una visión futurista plasmada en sus pinturas, un romántico amante del bienestar tras sus retratos y un viajero anhelante en sus fotografías.

Gonzalo ¿recuerdas la primera vez que pintaste? ¿Qué años tenías?

La verdad es que no, siempre me recuerdo haciendo garabatos por todas partes. Siendo un bebé un día me puse a caminar, otro día aprendí a coger los cubiertos yo solo, otro a decir tonterías, y no recuerdo esos momentos concretos, del mismo modo, no recuerdo cuando comencé a dibujar.

¿Tuviste algún empuje familiar para desarrollar tu faceta artística?

Me hubiese beneficiado mucho que mis padres hubiesen tenido una preparación académica, pero desgraciadamente no fue así. Provengo de una familia muy humilde que se las tuvo que apañar como pudo en una etapa muy difícil de la historia de España.

La vida siempre es la que nos toca vivir, como si todos entrásemos a formar parte de las bolitas de un biombo de la lotería. Pero la verdad es que no me lamento por eso, lo que no tuve de comodidades fue compensado ampliamente por unos padres encantadores.

Me cuentan mis padres que siempre se quedaban asombrados de las cosas que dibujaba siendo muy niño, hasta tal punto que mi padre estaba dispuesto a sacrificarse como fuese para que yo ingresase en la Academia de San Fernando. Pero sucedió algo demasiado común en aquellos tiempos. Para personas como mis padres, cuya cultura era bastante básica, el maestro de escuela o instituto, estaba visto como una auténtica fuente de sabiduría aunque éste fuese un auténtico inútil. Así que mi padre tuvo la “brillante” idea de consultar con mi maestro de dibujo y manualidades, (un tipo al que recuerdo como un engreído que tenía como afición regalarme reglazos de vez en cuando), sobre la posibilidad de mi ingreso en Bellas Artes. Muchos de mis compañeros aún hoy en día aseguran que aquel individuo me tenía una envidia enfermiza porque yo dibujaba mejor que él y estoy hablando de un niño de doce o trece años. Pero no sé si ese fue el motivo por el que le comunicó a mi padre, con esa seguridad estúpida que te proporciona la altivez, que para ingresar en la Academia necesitaba tener realizados ciertos estudios imposibles para mi edad. Más tarde averiguamos que todo eso era mentira, podría haber ingresado allí y haber estudiado todas las materias. Ese fue un momento clave en mi futuro dentro del mundo artístico y así me quedé solo con mis lapiceros del número dos.

Pensar en cual hubiese sido mi futuro de haber estudiado en Bellas Artes, es algo que ni siquiera me he puesto a imaginar, entre otras cosas porque no tiene sentido. Pienso que era el destino y para que se cumpliesen todos sus designios se necesitaba un estúpido que apareció en forma de profesor de instituto.

¿Cuáles fueron tus primeros favoritos? Me refiero a los pintores que desde edad temprana despertaron en ti las ganas de pintar.

Verás, yo era muy mal estudiante por falta de motivación, cuando me planteaban cuanto tardaría en llenarse una fuente de tantos metros cuadrados, si el agua salía a tantos litros por minuto, yo ya tenía la respuesta en la cabeza, es decir, “¿Y qué importancia tiene eso para mí?”. Yo solo quería dibujar, pintar, crear con lo que fuese y como fuese.

Claro, también había otros pintores que me gustaban bastante, sobre todo los que utilizaban mucho el claroscuro, como por ejemplo Caravaggio. Muchas veces me han acusado de utilizar demasiado el color negro, pero no me importa, para mí el negro intenso es el color más expresivo que existe. El color de los colores.Sin embargo, (ahora lo sé), en conocimientos artísticos estaba por encima de la media, mientras mis compañeros conocía de carretilla las plantillas del Real Madrid, del Barcelona o las del Sporting de Gijón, yo me deleitaba conociendo los grandes maestros de la pintura. Me encantaban las pinturas basadas en escenas bíblicas por el tratamiento de la figura humana, los clásicos del renacimiento italiano eran mis favoritos, Miguel Angel, Rafael y sobre todo Leonardo. Bueno, Leonardo es algo muy especial para mí, recuerdo que años más tarde entré en El Louvre y me pasé tres horas observando la Gioconda. No me preguntes como es el resto del museo porque no lo sé.

Pero no solo esos clásicos me gustaban, para mi Salvador Dalí me parecía excepcional debido a su portentosa imaginación y al uso de las perspectivas.

¿Has tenido una formación académica exhaustiva ligada con el mundo del arte o por el contrario te consideras un autodidacta?

Soy un autodidacta total.

¿Recuerdas a algún maestro especialmente y por qué?

Desgraciadamente los profesores que tuve en la escuela estaban bastante limitados, cualquiera podía ser profesor de dibujo, al fin y al cabo, se trataba de una asignatura menor, aunque para mí era la más importante. Así que puedes considerar como mis maestros los clásicos de la pintura universal. Aparte de esas extraordinarias obras, jamás encontré a un maestro mejor que yo.

¿Crees que pintas igual que algún pintor conocido?

Sí. Como Picasso.

¿Cómo Picasso?.

Sí, en pantalón corto.

¿Qué es el arte para ti?

En realidad no sé lo que significa para los demás. Es un concepto que cada uno lo interpreta a su manera. Unos lo ensalzan hasta límites que me parecen excesivos y hay artesanos que lo superan, claro, bajo mi punto de vista. Eso de querer diferenciar a los artesanos de los artistas me parece simplemente una palabrería que esconde demasiados complejos de inferioridad, porque al final esos artesanos también son seres humanos, de la misma especie que tú y se proyectan de ese modo; quizás la diferencia consista en que personas retorcidas como yo, no sepamos expresar los sentimientos más que con unos pinceles embadurnados de pintura o con unos trozos de carbón. Estamos de acuerdo que el arte es conceptual, pero al mismo tiempo muy personal. Me considero un ser primitivo, si Picasso quería ser un niño, yo quiero ser un cavernícola, libre de críticas, libre de influencias,… En estos aspectos me gusta ver todo a vista de pájaro, esa que ve a un ser primitivo jugando con el fuego, colocando los palitos de la hoguera de un modo que le agrada más y quedando absorto con los colores de las llamaradas, después veo a otros que se acercan, unos dan la vuelta y se van, otros sencillamente se calientan, otros quedan fascinados por las formas “extrañas” que forman las llamas y otros se acercan tanto que terminan quemándose. Pero ante esta estampa solo mantengo una mueca un tanto humorística y no consigo entender esas quemaduras, ¡si yo solo puse unos palitos de diferente forma en esa hoguera!.

¿Podrías explicarme brevemente tu trayectoria profesional a través de las exposiciones que has ido llevando a cabo?

Digamos que empiezo ahora. Es cierto que hice alguna exposición con notable éxito, pero tengo esa sensación amargamente fracasada de que he perdido el tiempo intentando agradar al público, presumiendo aún no sé de qué. Así que borrón y cuenta nueva.

Observando tus pinturas y como menciono anteriormente ¿no crees que tienen un toque futurista muy marcado?.

No creo que tengan ningún toque futurista, quizás muy personal, o eso, al menos, es lo que intento. Quiero lograr que cuando alguien vea una pieza mía sepa que la he hecho yo. Explicar la temática de mis cuadros es demasiado difícil y cansino para mí, es más, en realidad carecen de un significado concreto del mismo modo que no tienen significados nuestros sentidos más ocultos, por eso, cuando alguien me pregunta: “¿Qué quieres expresar con esta pieza?”, me quedo sin palabras. ¿Cómo explicar un sentimiento adormecido?. Podría decir muchas cosas, incluso estar hablando sobre la pieza y su mensaje durante horas, pero al terminar tendría la sensación de haber mentido y de haber ocultado demasiadas cosas entre las propias palabras.

¿Cuáles son tus proyectos actuales?

El equipo que me representa está estudiando fechas y lugares para exponer. Hay una exposición concretada ya (sin fecha aún) para Barcelona. Ese acto lo consideramos el arranque de una itinerancia por diferentes ciudades y países.

¿Esos proyectos albergan la idea de ser reconocido a otros niveles o lo haces simplemente por el placer de compartir tu arte con el resto de los espectadores que gustosamente asistan a dicho evento?

En realidad no lo sé, aunque es una lástima terminar una pieza y que no la vea nadie,… quizás tan solo esté buscando otra clase de pasión.

¿Te parece que en la actualidad el mundo de la pintura está en manos de unos pocos?

No lo sé a nivel mundial, me gustaría creer que en otros lugares no sucede lo mismo que en España, más que nada por el bien de un arte auténtico. Aquí hay organismos que patrocinan a amas de casa que han dado un cursillo y se olvidan de los auténticos potenciales que abundan en este país. Crean concursos de pintura donde muchas veces ganan los más enchufados y muchas otras, piezas tan pretenciosas como malas, claro, eso sucede porque en realidad en este país y en esos eventos no concursan los artistas, lo hacen cuatro engreídos que nombran jurado para ver cuál de ellos es más “original” eligiendo a la obra más “rara”.

A los españoles nos encanta tener compatriotas famosos en todo el mundo como grandes artistas, pero lo que resulta lastimoso es que para que un artista español sea reconocido en este país, primero deba de ser reconocido fuera.

Evidentemente yo no soy nadie para decirle a una institución o a una galería de arte en qué tiene que invertir su dinero, pero eso de invertir solo en valores seguros y no en grandes promesas, es una postura tan cómoda, tan poco comprometida, tan oportunista, que resulta demasiado mediocre.

Y si fuera así ¿qué solución podrías brindar para que se produjera una apertura en este campo y un empuje a los talentos venideros?

La solución sería que se reencarnaran los Medici en cualquier lugar de España.

Raquel Ortiz – Escritora